miércoles, 21 de mayo de 2014

El trato del padre a la hija


Existía en Yahiliya (la época de la ignorancia antes de la llegada del Islam) la costumbre entre muchos árabes de matar a sus hijos por miedo a la pobreza o merma en lo necesario para el sustento. Y más aun en el caso de las niñas, por ser considerado su nacimiento como un disgusto en comparación con tener hijos varones (por desgracia esto continúa ocurriendo en algunas partes del mundo).
El Islam prohibió esto por completo y se considera un pecado muy grave, hasta el punto de que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros detestaron el maltrato a las hijas como se cuenta en esta historia recogida en el Tafsir del Corán de Al-Qurtubí:

Se relató que un hombre de los compañeros del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siempre se encontraba apenado delante de él y este le preguntó: "¿Qué te ocurre que estás tan triste?".  Dijo: ¡Mensajero de Allah! He cometido una falta en Yahiliya y temo que Allah no me la perdone, aunque me haya hecho musulmán.Y le dijo: "¡Dime cuál es tu falta!" Dijo: ¡Mensajero de Allah! Yo era de los que mataban a sus hijas. Entonces, tuve una hija y mi mujer intercedió ante mí para que la dejara viva y así lo hice hasta que se hizo mayor y fue de las jóvenes más bellas para ser pedida en matrimonio, me dio un arrebato de celo y mi corazón no me dijo si casarla o dejarla en la casa. Entonces, le dije a mi mujer: Quiero ir a ver a tal y tal tribu a visitar a mis parientes, así pues, prepara a mi hija para que venga conmigo; se alegró de ello y la embelleció con los mejores vestidos y joyas; y me tomó el compromiso de no traicionarla.
Llegué con ella hasta el brocal de un pozo y miré en su interior; la joven captó que la quería arrojar al pozo y se abrazó a mí llorando y me dijo: ¡Padre mío! ¿Qué quieres hacer conmigo? Entonces, me compadecí al pronto, pero volví a mirar al pozo y me entró la incertidumbre fogosamente; ella me volvió a abrazar diciendo: ¡Padre mío, no eches a perder la confianza de mi madre! Así que una vez miraba hacia el pozo y otra la miraba a ella y me compadecía, hasta que el demonio se apoderó de mí, la cogí y la arrojé al pozo cabeza abajo; ella llamaba desde su interior diciendo: ¡Padre mío, me has matado! Permanecí allí hasta que se cortó su voz y regresé. Entonces, lloró el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros y dijo: "Si se me hubiese ordenado castigar a alguien por lo que hizo en Yahiliya, te habría castigado a ti".



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